Al llegar al último año de nuestra planificación estratégica, queremos centrar la mirada en lo que da unidad a todo nuestro camino: el tipo de persona que queremos formar.


Educamos a personas en proceso, capaces de habitar su propia vida, cultivar el autoconocimiento y sostener su existencia con sentido ante la «intemperie interior» de nuestro tiempo.

Queremos alumnos que no se resignen a la pasividad ni a respuestas prefabricadas, a personas que aprendan a pensar, discernir y tomar posición desde la reflexión y la cooperación.

No podemos acostumbrarnos al dolor del mundo. Formamos a personas que se dejen afectar por la injusticia y la degradación del planeta, comprometiéndose con la ética del cuidado y la sostenibilidad.

Ante el ruido y el conflicto, apostamos por personas capaces de escuchar, empatizar y tender puentes para construir un “NOSOTROS” más humano e inclusivo.

Personas abiertas a la trascendencia que encuentren en Jesús y el Evangelio una fuente de inspiración para vivir con los demás y para los demás.
Por un lado, ALTER (el otro) nos invita a salir de nosotros mismos para mirar al prójimo de una forma diferente y comprometernos con los más vulnerables.
Por otro lado, NATIU (nuestra raíz) nos recuerda que esta propuesta nace de nuestra identidad teresiana, una forma concreta de ser y estar en el mundo.